LA PRIMERA CITA

El cielo se nubló,
aunque era pleno verano.
Llevaba el pelo bien lambiao,
y le sudaban las manos;
Es que era esta su primera cita
después de ya todo un año,
cuando ella se quedó en el sur
y él pal norte fue marchando.

Pa colmo, la micro no pasaba,
y con la espera se le estaba desarmando
todo el ramo de las flores
que para ella iba llevando.

Pa entretenerse recogió un piedra
del polvoriento camino en enero;
Se la iba a tirar a un tiuque
que estaba en el bote, sobre un remo.
"No le andís tirando hondazos
a los pobres pajaritos"
recordó el consejo de su abuela,
y la piedra botó altiro.

Rebotando un ruido en los cerros
avisó que venía la micro;
Una cacharra vieja y empolvá
que hasta Corral hacía el recorrido.

"Buenas tardes" saludó al chofer;
"Buenas tardes" le correspondieron
varios que venían en la micro
que al instante lo reconocieron:
"Usté es de Los Guanchaco,
no lo veía de hace tiempo
¡Ta más gordo, no se ofenda!
Quiero decir, más repuesto!".

Métale conversa llegaron
a la vuelta de la rueda al pueblo.
Caminó hacia donde lo esperaba ella,
todo nervioso, bordeando el puerto.

Cuando llegó al portón,
pensó altiro en llamarla.
Pero mejor entró callaíto
y la buscó hasta encontrarla.

"Volví después de un año
Tal como te había prometido".
Y una emoción tan grande lo embargó,
que se largó a llorar como un niño.

Por supuesto ella no dijo nada;
Nada de nada, porque las tumbas no hablan.
En silencio dejó el ramo de flores,
en el sepulcro donde su abuela descansaba.
Cuando venía viajando del norte
se le encajó en el corazón la esperanza:
Creía que entre los grandes pinos
que El Cementerio de Amargos custodiaban,
oiría una última vez a su abuela
Cuando el viento pasara entre las ramas

No hubo mucho viento ese día,
o quizás mudos eran los árboles,
porque aunque ilusionado esperó
Su abuela no volvería a hablarle.

Se fue a la oración,
que es como dicen en el sur cuando cae el sol,
pa alcanzar la micro de vuelta
y volver al norte, donde su vida tenía resuelta.

Con el corazón desmadejado
no volteó a mirar el cementerio,
y tapándose la cara con las manos
se entregó a sus pensamientos;
de cuando era chico, y con su abuela
pa todas partes iban yendo.

En la cruz de la tumba un tiuque
se posó, esquivando el viento.
Observó la micro hasta que se perdió
a lo lejos, tras los cerros.