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CUANDO SE SECÓ EL ESTERO

Al firmar, el corazón se le apretó: 
"Sin agua, estas tierras ya no tienen valor" fue la oferta mañosa que le hicieron.
La esposa, los hijos, y esa publicidad de mentira que veían por televisión ladraban al lado del de la forestal: "Viera usted como es la vida en la ciudad; luces y fiestas por montón se va a encontrar. Gente fina y sofisticada; Créame; le va a gustar. ¿No me diga que quiere que su hijo ande sembrando, en vez de ser un abogado, o el gerente de un banco? Ese es un lujo que un campesino no puede darse. Piense en su familia, y deles otra vida".
Y su familia lo aleonaba con la vida en la ciudad, con los autos y edificios, y luego el campo dejar.
Pero todo su ser le decía, le suplicaba, que no hiciera aquello.  Miró hacia afuera; mecidas por el viento estaban la menta y el poleo. El gran manzano proyectaba su sombra sobre la casa como en cada verano, como la protegía en un abrazo del viento en cada invierno, ignorante de lo que se avecinaba.
¿Qué sería …

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